Clara Vázquez Vila piensa en Creatura (2023), de Elena Martín Gimeno, a través de una canción de WRRN
Esta semana me encontró corriendo entre Cinemateca y la Sala B, para aprovechar y ver la mayor cantidad de películas del 42º FCIU que pude meter en mi agenda. Creatura (2023) fue uno de mis descubrimientos favoritos del festival, una de esas películas que exigen atención más de su hora y media de duración, que te obligan a cerrar la jornada y no meterte en otra sala. Generalmente prefiero ir sola al cine, pero el sábado cuando se encendieron las luces de la sala agradecí haber ido con mi amiga Paula. Nos miramos y supe que a las dos nos había atravesado por igual, y caminamos despacio las cuadras hasta su casa para poder comentar minuciosamente lo que acabábamos de ver. La sala estaba llena de mujeres de distintas edades; imagino que algo similar les sucedió a todas, porque a la salida parecían igualmente sacudidas por la película.
Creatura aborda la cuestión de la configuración del deseo femenino a través de la historia de Mila, una mujer que al mudarse con su novio se hace consciente de su pérdida de deseo. Angustiada y ansiosa por la situación, Mila desarrolla urticaria en todo su cuerpo, algo con lo que convive desde la infancia. A raíz de esto, la protagonista revisita episodios de su niñez y juventud buscando un origen, quizás, de su relación conflictiva con su deseo, que la ayude a entender por qué le pasa lo que le pasa, o por qué es como es.
Mila vive esta pérdida de deseo como una falta que la atormenta sin pausa, no puede deshacerse de ella ni dejar de darle vueltas al asunto. Esta falta se materializa en su cuerpo, con la urticaria que la desespera y no puede parar de rascar. Mila experimenta con distintos enfoques para resolver su problema, pero no hay caso, cada vez que intenta tener sexo con su novio vuelve a enfrentarse a la incapacidad de disfrutar del momento, sin importar todas las maneras que intenta de conectar consigo misma y con su pareja. Paradójicamente, es la persistencia en su búsqueda y la fuerza de su deseo por poder conectar con la intimidad que anhela lo que la aleja de lograrlo. Cuanto más rasca su piel enrojecida por la urticaria, más se expande y más se irrita su piel, haciendo que su ansiedad se intensifique.

Es curioso cómo se puede hallar vínculos entre las cosas más inesperadas solo por observarlas una junto a la otra. Cuando dejé a Paula y me subí al ómnibus me puse a escuchar ¿Qué se siente estar mejor? (2023), el nuevo disco de WRRN; estaba entusiasmada por verlos al día siguiente en su primera presentación en Montevideo. La película seguía dándome vueltas por la cabeza, y cuando empezó la segunda canción, “Sigo preguntando”, con una voz que se desgarra gritando “Sigo buscando nuevas formas, tratar de ocultarme / Esquivar la pregunta, inventar la respuesta / La parte no para de sangrar” no pude evitar pensar en Mila. Esa última línea, sobre la parte que no para de sangrar, es una de las primeras iteraciones de una idea que se repite a lo largo del disco, por lo general al final de las canciones: “Balvanera” termina diciendo “Que me duela en la parte que me falta”, “Calles calladas” cierra con “la parte que me falta / ya no la quiero encontrar” y las últimas palabras del disco, en “Para volver a casa”, suplican “Enséñame a vivir de la nostalgia / que corte la ceniza / Clavala sobre mí / en la parte que me falta / Que drene toda herida”. Mucho se ha hablado del vínculo de Creatura con la teoría psicoanalítica de Freud, pero sin dudas el componente lacaniano se hace presente con igual fuerza, y por eso me remite tanto a este disco que no puedo parar de escuchar.
¿Qué se siente estar mejor?
Que ya no duela preguntarse
No recorrer la misma habitación
Saciar a golpes la ansiedad
Que ya no duela preguntarse
¿Cómo hacer para contar la misma puta historia?
La urticaria de Mila y la desesperación con la que la sufre lleva a la película al borde del body horror, género que ya ha servido a otras directoras para explorar la represión y la sexualidad femenina, aunque de forma más explícita, a través de representaciones de canibalismo y autofagia. Tal es el caso de Dans ma peau (2002), de Marina de Van, y Raw (2016), de Julia Ducournau. Elena Martín Gimeno no llega a este extremo del horror pero igualmente filma la relación de Mila con su cuerpo y su deseo desde un lugar similar, desde la idea de que hay algo siniestro (welcome back Freud), familiar y ajeno a la vez, con lo que internamente convivimos y no terminamos de descifrar a pesar de que siempre haya estado allí. De inmediato pienso en Emily Dickinson:
One need not be a chamber—to be haunted—
One need not be a House—
The Brain—has Corridors surpassing
Material Place—
Far safer, of a Midnight—meeting
External Ghost—
Than an Interior—confronting—
That cooler—Host—
Far safer, through an Abbey—gallop—
The Stones a’chase—
Than moonless—One’s A’self encounter—
In lonesome place—
Ourself—behind Ourself—Concealed—
Should startle—most—
Assassin—hid in Our Apartment—
Be Horror’s least—
The Prudent—carries a Revolver—
He bolts the Door,
O’erlooking a Superior Spectre
More near1—
El impacto que provoca Creatura se debe en gran medida a la honestidad y valentía avasallantes con los que se hace cargo de los temas que aborda. Los flashbacks a la adolescencia de Mila proponen una interrogante con respecto a la configuración del deseo femenino bajo el patriarcado. ¿Es posible pensar en el deseo de la mujer heterosexual sin que esté sujeto a la mirada y el deseo masculino? Es una pregunta que varias películas de las que vi en el festival me llevaron a hacerme. En Memorias de un cuerpo que arde (2024), una mujer relata sus primeras experiencias con el descubrimiento de su sexualidad, y dice que su primera fantasía sexual fue imaginar que un hombre la observaba masturbarse. Comentando Creatura, una chica que sigo en Letterboxd lo resumió así: “otra película para que las mujeres heterosexuales se den cuenta de que no hay escapatoria: el deseo femenino está subordinado al masculino y tu novio calvo no te gusta”.
La película padece de algo que últimamente me encuentro con mucha frecuencia: lo llamo “finales-playa”. Parece faltarle algo más resolutivo o más propio de ella, porque las casi dos horas anteriores denotan un interés por contar la historia de una forma bastante más valiente y arriesgada, aunque en definitiva funciona. Quizás el mar no lo cure todo, pero alivia momentáneamente el sufrimiento de Mila. Quizás cualquier cierre más definitivo, cualquier resolución perfecta que Mila encontrara a su falta de deseo se sentiría deshonesta. Vuelvo a WRRN, sigo preguntando: “aunque trate de esconderla / no resuelve que me duela”.

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