La creación como cierre: sobre “I May Destroy You”, de Michaela Coel

Monserrat Cabrera reseña I May Destroy You, la última serie de Michaela Coel (1987)

Cometí el primer error que podía cometer antes de mirar I May Destroy You: leí las sinopsis no oficiales que encontré en Internet mientras la descargaba. El abuso sexual es el tema principal de la nueva serie de la directora y actriz británica Michaela Coel y por lo tanto es lógico encontrar ese detalle en las sinopsis; sin embargo, el interesante manejo de la temporalidad narrativa de la serie, que en los primeros capítulos permite que el espectador vaya descubriendo qué pasó la noche que Arabella (la escritora protagonista interpretada por la directora) no recuerda, se podría apreciar mucho mejor sin haber leído en cada descripción de la serie exactamente lo que pasó. A pesar de eso, que excede la responsabilidad de su creadora, la fuerza de la trama permite mantener el interés mientras se va revelando a medida que el propio personaje, que fue víctima de violación luego de ser drogada en un bar, lo descubre. Esta situación, además, no sólo es por lo que pasa el personaje de Coel en su nueva propuesta audiovisual, sino que es lo que ella misma vivió en carne propia hace varios años mientras producía Chewing Gum, su proyecto anterior, y que declaró canalizar en el actual.

Igualmente, más allá de cuánto sea en base a las experiencias de la creadora, la serie tiene una indiscutible relevancia por sí misma, ya que da lugar a discusiones tan actuales como el consentimiento sexual, sobre el que se trabaja a lo largo de todos los capítulos. El tema del consentimiento, como sabe cualquiera, es una discusión polémica en auge que cada vez genera más movimientos en los ámbitos del arte y la comunicación principalmente. Parte de estos debates actuales, en la serie se reflexiona, además de sobre el caso de violación, sobre aquellas situaciones menos claras en las que las actitudes abusivas son más sutiles y por lo tanto dan lugar a la confusión de la víctima, como por ejemplo cuando el hombre se saca el condón sin aviso durante el acto sexual o cuando dos hombres fingen ser desconocidos entre sí para atraer a una mujer a un trío, que surge supuestamente de forma casual cuando en realidad está todo planeado.

Todas las escenas sexuales representadas son las que en algún punto falla el consentimiento. La única ocasión en la que se representa un acto sexual consensuado es cuando Arabella está en su período, que se toma como instancia para tratar la naturalización de la menstruación, cuando la pareja sexual de la protagonista tiene una actitud muy simpática y curiosa hacia los coágulos de sangre luego de que le saca el tampón para tener sexo. A través de distintos personajes, se presentan así los distintos niveles de abuso y también la ambigüedad de los castigos, centrada en la llamada “cultura de la cancelación” y junto a esto el gran protagonismo de las redes sociales, con una importante crítica a la industria creativa, representada por el personaje que se saca el condón sin aviso, que tras ser escrachado públicamente termina escribiendo para la misma editorial bajo un seudónimo femenino.

Es claro que la violación es el detonante principal en I May Destroy You, pero Coel no decide centrar la trama en el hecho en concreto, sino que desarrolla la serie principalmente alrededor de lo que implicó el abuso como trauma y la vida de Arabella post-trauma, con una visión ni esperanzadora ni apocalíptica, sino que desarrolla sus consecuencias en lo cotidiano. Es con este fin, también, que se presenta la reconstrucción de los hechos y a lo largo de la serie se vuelve a la noche de lo ocurrido. Es decir, no se da una reconstrucción concreta para saciar la curiosidad o el morbo del espectador, sino que se vuelve en forma de flashbacks en repetición e imágenes borrosas y no recuperamos información que Arabella no recupera: no se reconstruye, entonces, para que sepamos qué pasó, sino para aportar al tratamiento del trauma y la recuperación.

Así, a la protagonista le recomiendan yoga, pintar, plantar, escuchar podcasts y meditar en el proceso de recuperación, pero a fin de cuentas termina siendo la escritura lo que la ayuda a reconstruir su historia de abuso y encontrar un cierre. Al gran trabajo de la temporalidad a lo largo de toda la serie, de este modo, se le hace justicia en el último capítulo, que consta de realidades alternativas que se nos presentan mientras Arabella decide cómo va a terminar su libro. En ese sentido, se presentan tres escenarios posibles que parten de volver al bar en el que ocurrió todo: una venganza sangrienta en la que mata a su abusador y lo esconde debajo de su cama, una en la que su abusador se quiebra emocionalmente al enfrentarse con ella y habla de los sucesos que motivan su propio accionar y otra en la que terminan en un acto sexual en la que Arabella lo penetra a él.

Por esto es interesante y casi inevitable pensar en la relación entre la directora y su proceso creativo con esta propuesta a partir de su experiencia, y la representación casi curativa de la relación entre la protagonista y su escritura. Estas Arabellas alternativas son exactamente, en efecto, lo que es Arabella para Michaela. Por su parte, la Arabella “real” no va al bar: se queda escribiendo, sin venganza ni justicia. En este caso, hay una contraposición compleja entre la justicia y la paz, que retrata de manera muy honesta lo que implica la sanación.

Es así que, incluso si hubiera habido justicia, no se habría obtenido la paz y si Coel hubiera concluído I May Destroy Yoy ya sea con la policía encontrando al abusador o con alguna de las realidades alternativas no habría podido representar tan bien como lo hizo que el trauma seguiría ahí y la recuperación sería igual de necesaria. Entonces, mediante este final casi surreal lo que se logra es no solo darnos una idea del propio proceso de creación, sino además ofrecernos todos los finales que como espectadores nos urgía ver, pero realmente cerrando el relato con lo que en ningún momento dejó de ser lo central: el proceso y la superación de la víctima.

 

Afuera

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