La barrera del lenguaje: sobre “Memorias de Idhún”, de Laura Gallego García

Carolina Silva Rodé escribe sobre Memorias de Idhún, la trilogía de Laura Gallego (1977), y su reciente adaptación como serie animada

En 2006 fue mi primera comunión. Con Dios cristiano en los papeles, con el Panteón seis horas después, en mi casa, cuando leía Memorias de Idhún, el libro que me regalaron por comerme una pastilla insípida y taparla con rocklets. 

Memorias de Idhún es una trilogía española de fantasía, escrita antes de terminar de ser concebida, como prematura, y un poco por eso absolutamente sensacional. Va más o menos así: hay muchos mundos de los cuales, en principio, nos importan tres: el mágico, la tierra, y el semimundo del medio. En el mundo mágico todo es en razón de tres: hay tres soles, tres lunas, tres dioses, tres diosas y seis formas de vida inteligente, una por cada divinidad. Sin embargo, como todo lector de fantasía sabe, si hay seis dioses hay siete, porque el dios malo quedó fuera del panteón y, aunque no lo contamos, lo contamos siempre.

Le diose séptime (porque si cuando se escribió Idhún ya hubiéramos usado el inclusivo se llamaría así, ya que en la fantasía el desafío a lo binario se hace siempre con una otredad fría, salvaje y malvada), así, tiene también su forma de vida inteligente, que mencionamos cada vez que decimos que hay seis, pero en realidad hay siete. Y hay dos razas míticas de animal de poder: unicornios, por los dioses de la luna, y dragones, por los del sol. Está dada entonces la necesidad de una raza mítica de la otredad para completar el pensamiento ternario que nos enseña la buena crianza idhunita, pero eso presupone otra cosa que los soles y las lunas. Hecha la ley, hecha la trampa, dice el dicho; hecho el sistema teológico binario, hecha la criatura tercera, dicen los hechos y la literatura regida firme para adolescentes.

Tenemos en consecuencia a los dragones, los unicornios, y los sheks, que son serpientes con alas, y en vez de un astro les damos un fenómeno astrológico, la conjunción astral, que es cuando los tres soles y las tres lunas forman un hexágono regular perfecto en el cielo, y la magia es más poderosa, y el cielo se pone rojo, y se puede usar para cosas feas. Spooky. La mitología del libro persigue todo el tiempo una simetría que por sus propias reglas no puede alcanzar y ese desfasaje es la novela. 

La cuestión es que el mundo mágico está en crisis: gobernado por un nigromante humano (forma de vida caliente, correspondiente a una diosa y a una luna) con amigos en lugares oscuros, enturbiado en la adoración al dios séptimo. Gobierna con herramientas tales como la forma de vida séptima (la correspondiente al dios ajeno, los szish, hombres serpiente de sangre fría) ejerciendo de milicia esclavizada, y gobierna sin otro fin que el gobierno mismo y el control. El séptimo no es un dios misericordioso, en contacto con lo suyo, es una representación obvia de lo dejado, lo distinto, lo poderoso que mejor no se toca. Los sheks patrullan el cielo al servicio del humano. El dios otro parece necesitar una creación de su hermana para activarse en el mundo, porque su creación a nivel medio es estúpida e inferior.

La reivindicación de lo tercero parece ser el único elemento teórico detrás de la tiranía: salen las serpientes al cielo, salen los hombres serpiente a patrullar, recuerdan los religiosos la existencia —ahora patente— de un dios séptimo. Hay una profecía, obvio: la paz en el mundo la van a restaurar juntos un dragón y un unicornio. El nigromante hace lo que hacen los villanos: los mata a todos, y pasa lo que pasa: queda uno de cada uno, los encuentran los disidentes, los mandan a la Tierra. Esta tragedia se cuenta con un halo de importancia y seriedad que se hace añicos cuando nos dicen que esto ocurrió hace —atención—  tres años. Hasta yo a los once carcajeé. ¿Menos de cien? Not interested. (Para ser justa, esto se enmienda un poco después, cuando el viaje entre mundos empieza a suceder y tener matices, que no pasa, lamentablemente, hasta el libro dos, Tríada, cuando nos enteramos que el tiempo no se corresponde exactamente aquí y allá, otro cliché que viene a salvarnos la vida). 

Siguiendo con el ritmo ternario, tenemos tres protagonistas, cuyos lugares en la constelación de relaciones y correspondencias entre animales míticos, dioses y formas de vida serán develados de acuerdo avancemos.

La relación de lo serpentino y reptil con lo malvado, que es natural a esta altura y en el libro (y en la serie que nos convoca), se presenta casi como en el Génesis. Spoilers, creo: el malo, Kirtash, de nombre también sinuoso y bífido, le ofrece a Victoria, la pura, pero también la mujer, irse con él. Dejar a Jack, el puro, pero también el unidimensional, para ofrecerle las bondades de moverse entre serpientes, la sabiduría y el poder. Kirtash en los libros es elemental y conciso, seductor y terrible. En la serie es un Segio Mur adultísimo poniéndole voz a un quinceañero, raro y sospechoso. 

Seguimos a la Resistencia. Mencionan otras, pero las tres personas que ahora la conforman no nos explican qué les pasó o por qué son un grupo tan desabrido y disfuncional, formado por dos pibes de 20 años y una gurisa de 13. Obvio que la fórmula alcanza, porque es fantasía para adolescentes, pero igual da para preguntarse. Más adelante se une otro niño de 13 cuando matan a su familia por error, suponiéndolos exiliados idhunitas en la Tierra. Error porque, nos enteramos, el idhunita es él. ¿Cómo, y por qué las respuestas obvias demoran tanto? Fantasía para adolescentes. 

La nueva serie de Netflix nos lleva hasta ahí. La primera mitad del primer libro, en cinco episodios de 25 minutos con una actuación de voz paupérrima y una animación digna de los mejores meses del 2008 en DeviantArt. La actuación de voz fue polémica desde antes del estreno: sólo una profesional, y los demás actores de alguna fama en televisión española, como Mur o el pibe de Élite encarnando a los otros dos protagonistas, que despertaban suspiros en las jóvenes lectoras y ahora carcajadas en las jóvenes televidentes. 

No es fácil para nosotros ver televisión en español de España, sin duda. Pero igual podemos identificar la diferencia entre la actuación de voz profesional y la amateur. No es un animé doblado, es un animé en español: concepto un poco extraño y ajeno, pero al que estaría bueno acostumbrarnos. El animé en inglés también nos representa un desafío a veces, quizás por lo distinto que nos resulta todavía el japonés y lo fácil que esto nos hace la inmersión en otro mundo, en un Tokio lejano como en la vida real pero además lejano narrativamente. ¿Quién sabe qué pasa en Tokio, quién sabe si ese japonés suena bien actuado o no? Pero el animé en español, animé en España, en el que los carteles del metro están en castellano, los personajes dicen “vale” y esas cosas, es lejano como no debería serlo. Algunos de nosotros ya pasamos por ahí viendo un doblaje terrible y hecho por fans de Death Note cuando las descargas eran directas y JDownloader nos engañaba o nos confundía. Superada la barrera del lenguaje, que triste es decirla en este contexto, el animé es carente en más sentidos. Es corto, no llegamos a encariñarnos con nadie ni a interesarnos en la historia antes de que termine. Es media temporada, se supone, pero quizás habría sido mejor esperar y estrenarla toda entera, cerrando el libro donde el libro cierra. Antes del final de la primera novela sabemos muchas cosas que antes no; antes del final de la primera mitad todavía no sabemos nada que nos haga querer volver. 

La adaptación está bien, aunque tiene un problema evidente y terrible: parece fanart. No tiene opening. El outro es bueno, rozando lo fantástico. Aunque el screenplay lo escribió Laura Gallego, que también está enojada por el casting de voz, que al parecer cambió a último momento, los diálogos están casi levantados del libro, lo cual hace que todo sea un poco lento y torpe (la televisión es un medio diferente, las cosas deberían ser diferentes). El único cambio que vi fue que algo que en el libro era un CD en la serie es un pendrive. Era una buena oportunidad para actualizar un libro escrito por una mujer a los veintipocos que mejoró sustancialmente en las secuelas, pero la oportunidad se desperdició. El lore se nos suelta de a poco, algunas cosas no se nos explican, pero nos prometen la segunda mitad de la primera temporada, aunque, tristemente, algo huele a cancelación. 

Afuera

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