Jugar con la atención: sobre “The Midnight Gospel”, de Pendleton Ward y Duncan Trussell

The Midnight Gospel, la serie de Pendleton Ward y Duncan Trussell, en la mirada de Monserrat Cabrera

Durante la cuarentena, el consumo de contenido que tiendo a hacer en mi tiempo libre no sólo aumentó, sino que me agotó; me cansé de lo que veo comúnmente y la idea de búsqueda de algo nuevo me empezó a despertar cada vez más pereza que motivación. Ya había ingresado en el mundo de los podcasts por algunos comediantes estadounidenses, pero con ninguno había adoptado la manera casi religiosa de escucha con la que se asocia a los consumidores de este formato. Sin embargo, con el encierro y el aislamiento social lo que antes era el sonido de fondo mientras desayunaba u ordenaba se volvió una necesidad casi constante, una manera de mantener a mi cerebro obsesivo alejado de los pensamientos apocalípticos. 

Salvo los momentos que dedicaba a ver otro contenido que requiriera más atención, estaba de la mañana a la noche con reproducción automática de podcasts, incorporando información expuesta en formato de conversación. Pasaba de escuchar, por ejemplo, un episodio de una hora sobre el conflicto en medio oriente, a uno de dos horas de un par de comediantes que comparaban sus experiencias sexuales con el mismo hombre y otro de tres horas de neurocientíficos explicando el trauma desde la química neuronal, todo sin buscar algo específico, guiándome meramente por las recomendaciones que pone YouTube al lado del video. Así pasaba, de la neurociencia a robótica y reacciones a videos virales sin retener la mayoría de la información, pero quedándome con las partes no más importantes, sino más aleatorias; con las partes que justo coincidían con los momentos en los que mi foco de atención se alejaba de la tarea principal que estuviera llevando a cabo. 

The Midnight Gospel es una propuesta que combina el podcast con la animación generando un formato muy difícil de categorizar o definir. El protagonista Clancy es un “space-caster”, es decir, un podcaster que trasmite a toda la galaxia. Tiene un simulador de universos que usa para elegir distintas realidades alternativas y dentro de ellas alguien digno de ser entrevistado. Estas entrevistas son preexistentes: el guion de cada capítulo parte en efecto de fragmentos de los episodios del podcast de Duncan Trussell, el creador de la miniserie, y abarcan temáticas desde el marco del existencialismo o la espiritualidad, el budismo o hasta la magia, con un gran énfasis en la reflexión sobre la muerte. 

A esto se le agregan diálogos grabados especialmente con los entrevistados que permiten la conexión con la diégesis de la animación, que quedó en manos de Pendleton Ward, conocido principalmente por ser el creador de Hora de Aventura. Es claro el sello de autor en cuanto a la animación por la locura y los simbolismos que se van desencadenando en lo que es, en cada capítulo, un recorrido del universo alternativo en cuestión y a través de la que se prioriza presentar gráficamente el paradigma de dicha realidad, antes que seguir una trama o un hilo narrativo específico. Ya sea el seguimiento del protocolo presidencial ante un apocalipsis zombie, el camino con “ciervos-perros” al matadero, el escape de un “alma rota” de una prisión de almas, lo más atrapante termina siendo ir descubriendo las reglas y el funcionamiento de estos universos, a la par de las reflexiones de los entrevistados. Acá es clave destacar que es justamente el formato animado el que permite y potencia la representación de multiversos. 

Lo que me interesa destacar de esta propuesta es la presentación de un recorrido y una línea narrativa que se resuelve visualmente mediante la animación que tiene una conexión más metafórica con la conversación entre los personajes, pero a su vez corre en paralelo y tiene significado propio. La atención del espectador se divide en dos focos: el hilo visual y el hilo del podcast, ambos desviándose constantemente ya sea por estímulos en el ambiente animado o por cambios de tema propios de una conversación. Las distracciones, las tangentes, las ramificaciones se dan en ambas líneas y por lo general es en estos momentos donde converge la conversación con la diégesis. Por más que claramente se trata de una propuesta bien unificada, esto implica el doble de contenido y se siente esa dualidad, porque tu foco de atención como espectador va variando. 

Este vínculo que se establece entre la animación y el podcast, replica justamente la esencia de este último formato y el vínculo con el oyente y es lo que me parece tan fascinante. La manera más casual, diferida y didáctica quizás, de exponer la información que se maneja en los podcasts, es justamente lo que permite que lo escuches mientras haces otra cosa, pero lo que propone The Midnight Gospel es llenar ese lugar a distracción o quizás atraer la atención en desuso con una narrativa adicional que además le hace justicia a la abstracción que manejan la mayoría de los temas en discusión y ofrece una capa más. Más allá de lo lejana que me sentí espiritual y hasta ideológicamente de la mayoría de las maneras de abordar ciertos temas como la magia ceremonial, el karma o las manifestaciones energéticas, siempre que eso fallaba en capturar mi interés, la animación más apocalíptica y simbólica me retenía. Sin duda está muy trabajada la estructura de los momentos relevantes en cada uno de los focos de atención para poder ir generando este efecto de oscilación, que hace que uno no se pierda de los detalles, pero que pueda descubrir e interpretar aspectos nuevos con cada visualización.

Por último, quizás a nivel más personal, por el papel que jugaron los podcasts en mi vida en este último período de tiempo, de llenar silencios y evitar pensamientos más obsesivos, encontré muy interesante que, a lo largo de toda la temporada, se va desarrollando la historia personal de Clancy de a poco y la propia máquina de simulación le plantea que dedica su atención a estas realidades simuladas justamente para evitar la suya. Sin tanta dramatización, no como Clancy que evita grandes problemas familiares, creo que es una interesante reflexión sobre la manera de vincularnos con los productos culturales en general, sobre todo en épocas de encierro y aislamiento.

Afuera

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