Desafinar como una niña: sobre “The Prettiest Curse”, de Hinds

The Prettiest Curse, tercer disco de Hinds, en la mirada de Monserrat Cabrera

Hay algo que me encanta sobre el arte que no se puede juzgar con moderación, que te encanta o se te hace insoportable. Creo que esto es algo bastante habitual dentro de los géneros musicales como el garage rock y las variaciones de punk, pero hay factores más particulares de la música de Hinds que hacen que se potencie aún más. Factores que hacen que personas como mi madre, que atravesó sin reprochar demasiado la etapa de mi vida en la que escuché Slipknot, escuchen un tema de esta banda y lo consideren “un griterío”.

Como oyentes, estamos acostumbrados a artistas masculinos que no cantan necesariamente bien, incluso aceptamos la desafinación en sus voces, muchas veces interpretándolo como una característica de su arte y no un fallo en su técnica. Sin embargo, es raro encontrar artistas mujeres que no dominan ni intentan dominar la afinación, o si se quiere la prolijidad en su música. Lo habitual es que las voces femeninas estén más controladas o trabajadas, lo que no significa que el producto se reduzca a esto, por lo contrario, hay una base casi pactada de dominio de la habilidad, ya sea por talento o por práctica, sobre lo que se tiene que construir el resto de la creación. 

Desde el lanzamiento de sus primeros singles en 2014, la banda española Hinds, conformada actualmente por cuatro chicas jóvenes que saben tocar más que cantar, propone algo diferente casi sin querer. Ana Perrote y Carlotta Cosials comienzan a hacer música desprolija pero encantadora, fuera de tono, con gritos que se acentúan con sus voces agudas y cantada en inglés con un acento español más que evidente y que por momentos hace que sus letras honestas y divertidas sean inentendibles. Tiempo después, suman a Ade Martin en el bajo y a Amber Grimbergen en la batería, lo que las transforma en un “girl group” completo. 

Su álbum debut, titulado Leave Me Alone, sale en 2016 y es esencial para definir que esa energía caótica y desprolija de Hinds no era un tema de grabación precaria o inmadurez a la hora de crear sino una marca identitaria de la banda que se vuelve a reforzar con su segundo y más exitoso álbum I Don’t Run, que sale en 2018 e inaugura un período en el que la banda crece más que nunca dentro de la escena del indie rock codeándose con bandas como Twin Peaks y acercándose como teloneras a una de sus bandas referentes: los Strokes. 

The Prettiest Curse es el tercer disco de la banda y salió a mediados del 2020 para mostrarnos a Hinds haciéndose cargo de su identidad musical más que nunca, manteniendo su esencia pero también probar que están creciendo y que no se van a estancar en el estilo casi invariable entre sus dos primeros álbumes. “Just Like Kids (Miau)” es la canción más distinta en cuanto a temática en lo que va de su discografía y la más relevante de este disco. Tras entonar “Can I tell you something about your band? ‘Cause I’m sure you’d like my advice”, enlistan los ataques y las críticas más recurrentes que les han hecho: que cantan fuera de tono, que no pronuncian bien, que son exitosas porque tienen lindas piernas, que sonríen mucho y que deberían vestirse solo de negro. Además del machismo alevoso presente en esos comentarios, lo que se evidencia también es lo que sintetizan de manera tan acertada en los versos “you are too pink to be admired, and too punk to be desired”. 

No encajar en un género musical en específico y combinar aspectos de distintos mundos es probablemente uno de los aspectos más atractivos de la banda. Sin embargo, no “pertenecer” ni al rock ni al pop, estar en el medio de esos dos ambientes históricamente confrontados, hace que sean muy pop para los rockeros y muy rockeras para el pop. Su música es muy “casera” y caótica para ser comercial y no están lo suficientemente producidas como para ser deseadas como las divas pop. Sus shows y su estilo a la moda y mucho más “girly” que oscuro, sin embargo, permite que las haya definido como un “girl group”, que como las “boy bands” refieren a agrupaciones de la cultura pop que los rockeros definen despectivamente como más entretenimiento que música.

Por todo esto es clave que sea el estribillo de esa canción el que le da el nombre al álbum: porque es a partir del control que toman sobre los insultos que reciben que pueden reivindicar su identidad como banda. En los álbumes anteriores establecieron su esencia artística; en este álbum, que declaran que fue el primero que se pudieron a planear dado su estilo de vida más tranquilo, eligen qué quieren decir y cómo. Es apropiándose de esta vulnerabilidad que pueden seguir por este largo camino al que se refieren como “the prettiest curse”. Explicitando los comentarios negativos sobre su música hacen ver que las decisiones que toman, como mínimo a partir de este punto, son plenamente conscientes y se defienden como mejor saben hacerlo, cantando de manera juguetona “we do this, we do that”.

Musicalmente, con “The Prettiest Curse” la banda se permite acercarse al pop más que nunca, más que nada en cuanto a la producción de sonido. La sensación característica de “textura” que generan las capas desprolijas de instrumentos y las voces sin armonizar no se pierden por completo, pero para quienes disfrutamos de esta particularidad propia de la música garage la pulida de la discográfica si resulta fácilmente distinguible. En los estribillos es donde se mantiene más esa combinación tan reconocible de las voces de Ana y Carlotta chocando bruscamente, tanto en “Burn” como en “Boy”, por ejemplo, pero ninguna se compara con canciones anteriores como “Soberland”, donde las voces sutilmente a destiempo y el acento español te dejan cantando a los gritos puramente por fonética, por más manejo del inglés que tengas.

Carlotta, en su blog personal, contó que “descubrió el rock” cuando un tipo la llevó a un bar a ver a Los Parrots, banda con quien terminó colaborando años después y relata que incorporó el rock y el interés por la música en esos toques pequeños en rincones escondidos de Madrid. Ese ambiente que encontró es lo que hoy logran preservar en sus canciones. La música de Hinds mantiene la esencia de los toques en vivo, transmite de manera perfecta el sentimiento de habitar esos toques llenos de gente alcoholizada y sudor. Creo que este factor es la razón principal por la que los oyentes de la banda desconfiábamos de una producción más profesional que hiciera que se perdieran las imperfecciones y lo que era casi una oda a los errores de grabación. Pero, así como se pule el sonido, se profundizan y complejizan las letras. El desamor como tema infaltable en los proyectos de Hinds se presenta en The Prettiest Curse en forma de balada con “Come Back and Love Me <3”, canción que tiene versos en español, incorporando otro de los de los aspectos de su identidad. 

La introspección y la consciencia de sí mismas en las letras no es algo nuevo tampoco e incluso hay conceptos que se reiteran de álbumes anteriores. En “New For You”, de I Don’t Run, por ejemplo, decían “Sometimes I see myself and I can’t stand my show”, mientras que en este álbum esa idea del show se cambia por “The Play”, como si en el medio hubieran leído a Erving Goffman y le dedican una canción entera. “’Cause all I do is question which is the real version of me” se preguntan de manera honesta y elaboran el sentimiento de no reconocerse y no sentirse uno mismo “salvo cuando se está dentro de la obra”. 

Lógicamente, ese análisis y visión crítica sobre sí mismas es algo que también aplican al ambiente al que pertenecen. En una entrevista en la plataforma Momandpop, hablan en contra del estilo de vida rockero bajo el lema “live fast, die young” y expresan que justamente el álbum I Don’t Run pretende transmitir todo lo contrario. “I wanna show you it’s cool to grow up” cantan en “The Club”, “I wanna prove that your clock doesn’t stop at the club” y estos mensajes siguen presentes en este nuevo álbum. El cansancio de la noche, de las sustancias, la vida de poco sueño y jet lag constante del que hablaban en canciones como “The Club” o “Finally Floating”, se retoma en “Riding Solo”, que incluso pareciera una versión más madura y producida de la segunda.

En 2020 las jóvenes españolas se hicieron cargo de su identidad más que nunca y todo indica que The Prettiest Curse es solo el comienzo de un camino largo que evidentemente no llegó a su final y que muestra que Hinds como proyecto va evolucionando junto a sus integrantes. Para tranquilidad de los que las escuchamos, se trata de un proceso que, como ellas, no aburre nunca y que ahora, además, promete una búsqueda más madura en la creación, pero también la fidelidad a esta música que transmite, entretiene y te transporta directamente al público y la locura de los toques.

Afuera

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