Hablo por mi, y por mis amigas: agradecer la existencia de “Miss Tacuarembó”, de Dani Umpi

Leonor Courtoisie escribe sobre Miss Tacuarembó, de Dani Umpi (1974)

Miss Tacuarembó es el mejor libro escrito en Uruguay. Dani Umpi tenía 30 años cuando Interzona lo publicó en Argentina. Daniel Umpiérrez tenía 26 cuando la novela ganó el premio de la revista Posdata, con Mario Levrero en el jurado. 24 años tiene la protagonista, Natalia, e igual que Umpi, es escorpiana. Pasaron 4 años y una de las crisis económicas más brutales de los últimos treinta años entre la obtención del premio y la publicación del libro. Un año después de la publicación, el Frente Amplio ganó las elecciones por primera vez con Tabaré Vazquez como presidente y Dani Umpi lanzaba su primer disco Perfecto. Esos años bisagra, entre el 2000 y el 2005, para muchas almas montevideanas fueron un abismo, y Dani Umpi un verdadero Abadón en la tierra. 

Bailamos los primeros años de nuestra juventud en antros, marchas antifascistas y fiestas electropop, leyendo a Umpi, Bakunin, Laguna, Goldman, Pavón, a la Bejerman, prestándonos libros, fanzines, cartoneros, gozando en AFE, en acústicos de la aduana con Soiza, en el Living con Coiffeur, en jornadas pre electorales en Pachamama, siendo menores de edad, rompiendo la cédula, mintiendo a nuestras madres, durmiendo en plazas, soportando un entorno que nos decía que eso que nos gustaba no estaba bien, que nos tenía que gustar otra cosa, que no era políticamente comprometido, que no era serio. No estaba bien que te gustara su música, ni que te partieran sus covers, no podías decir que sus libros eran buenísimos, no tenías edad para haber leído tanto, no te podía gustar un tipo desafinado que se vestía de mujer en el programa Omar Gutiérrez, eso no era arte ni literatura. Un poco lo creímos, pero nunca dejó de emocionarnos, escondimos para que no se burlaran, para ser parte, para pertenecer y recién ahora, después de casi veinte años, cuando ya nadie oculta que Dani Umpi es nuestro artista total, y sin prestar atención a algunas declaraciones del autor sobre su propia obra literaria, volvemos a decir que Miss Tacuarembó es uno de los mejores libros que se han escrito en Uruguay. 

Es dificil narrar una cronología exacta de los hechos pero lo cierto es que de un lado y otro del Río de la Plata, en visperas del cambio de siglo, se empezó a gestar una forma de hacer arte con bases del DIY, Do It Yourself o házlo tu mismx, evocando eminencias pop y referencias de los ochentas; un kitsch rioplatense de bajo presupuesto que rompió con moldes acartonados y repetitivos de un rigor sombrío e introdujo un sarcasmo sacro que, en un principio, fue más tomado en cuenta y continuado en Argentina que en Uruguay. A finales de los noventas, Fernanda Laguna y Cecilia Pavón fundaron en Buenos Aires la editorial Belleza y felicidad, luego galería de arte, en la que estuvo muy involucrada la multifacética Gabriela Bejerman, quien publicó el mismo año que Umpi, también por Interzona, su maravillosa novela Presente perfecto. Pocos años después, o paralelamente, Paula Delgado, Martín Sastre, Daniel Umpiérrez, Julia Castagno y Federico Aguirre crearon el grupo Movimiento Sexy, aunque muchxs de ellxs han dicho que el colectivo casi ni existió, supieron festejar el cumpleaños de Natalia Oreiro, actriz que, diez años más tarde, haría el personaje homónimo en la película basada en el libro de Umpi dirigida por Sastre. En la efervescencia de esa movida y la autogestión de otros acontecimientos como la creación de Eloísa Cartonera se sitúa el contexto de producción de Miss Tacuarembó

La historia es simple. Natalia es una gurisa de Tacuarembó que trabaja vendiendo perfumes en una isla de un shopping en Montevideo y vive con su mejor amigo de la infancia Carlos hasta que su madre, una catequista de parroquia, acude a un talk show argentino del estilo de Gente que busca gente, irrumpe en su vida y retoman contacto después de no verse durante años. Los breves capítulos y algunos fragmentos se intercalan entre un presente montevideano, el viaje a Buenos Aires, y una infancia y adolescencia en Tacuarembó. El relato comienza con una pequeña Natalia recibiendo de regalo un televisor a color, como si la vida empezara al unísono de las telenovelas, como Vanessa y Cristal, de las que se hace fanática, y por las que va tomando la mayoría de las decisiones que marcan la acción del personaje a lo largo del libro. El vínculo con Jesús y con la vida adulta desde el punto de vista de la niñez, el deseo de la muerte de los mayores que interrumpen el camino de la amistad y la libertad, unas gemelas malvadas como enemigas, las siestas de pueblo, el despertar de la sexualidad de su amigo, una abuela rural que habla carimbao y casi no habla, los cumpleaños y encuentros sociales, las risas ajenas al animarse a mostrar el cuerpo desfilando y el sistema educativo formal como espacio de integración torpe y descuidado, componen los cimientos para esa Natalia frustrada y ácida de la mayoría de edad. 

Todo el libro está hilvanado por detalles representativos del octavo signo del zodíaco, con una oscuridad que algunos especialistas en astrología denominarían como profundidad. Es la inteligencia aguda e irónica del monólogo interno constante del personaje principal en contraste con el afuera, el vínculo con su familia, amigos y compañeros de trabajo, el motor rítmico que sostiene el argumento narrativo, y es en esos detalles donde aparece lo devastador, lo extraño y las ocurrencias, que terminan por afirmar la lucidez de Umpi como escritor. Teniendo en cuenta la obra plástica que lo mantiene ocupado en el presente, en sus cortes obsesivos de mini papelitos, puede identificarse una construcción minuciosa de una práctica artística que consiste, como si se tratara de un impresionista, de prestar atención a los pequeños puntitos que por acumulación originan un universo particular. Lo mismo sucede con la escritura: Dani Umpi tiene un pulso que demuestra una observación del mundo precisa y analítica, una literatura de la escucha y del acopio.

Convivir con la lectura fácil no es simple, mientras algunxs leyeron en su obra un mundo asociado al neoliberalismo, otrxs empatizábamos con cierta vulnerabilidad y fortaleza, la admiración hacia quien tiene el valor de mostrar su fragilidad, el dolor y la hermosura, en un juego. La mixtura de una impronta popular con referencias a la dictadura cívico militar o a la referencia de un militar como un ser del que habría que estar lejos como un pasaje breve pero contundente parece no haber despertado interés en quienes, por años, repitieron la falta de compromiso político o la banalidad del arte de Umpi, quién demostró no necesitar ser literal ni ahondar en demagogias ideológicas para abrir nuevos caminos posibles. 

Al menos en territorio uruguayo, no hay otro tan fresco, arriesgado en su tiempo, despreocupado por ciertas fórmulas hegemónicas, preocupado por la literatura, y conectado con el contexto como Dani Umpi en Miss Tacuarembó. Una narrativa que ha sido considerada como línea sucesoria de la obra de Manuel Puig constituida por un entramado complejo —de sencillez aparente— de melodrama, diálogos, oralidad, referencias pop y telenovelas. Un libro que nos hizo creer que otra literatura era posible y que nuestras historias también podían ser narradas y, por ende, nos hizo confiar en que podíamos crear nuestros propios universos, que esos universos valían la pena de ser contados. El primer libro en el que leímos sobre la menstruación y sobre la menstruación conjunta como algo natural, cuando decir menstruación todavía era una mala palabra. 

—Carlos, tenemos que irnos de este pueblo. Tenemos que irnos lejos, bien lejos de acá. Ya ves que este no es nuestro sitio, que acá nunca llegaremos a nada, que este pueblo será siempre igual. Yo sé que algún día seremos grandes y todos nos aplaudirán. Yo sé que algún día encontraremos nuestro lugar y el mundo será nuestro.

A veces los libros son profecías y el presagio de Umpi se cumplió. Aplausos y un lugar en el mundo, el de seguir haciendo lo que se le cante cuando se le cante. El de ser el artista honesto que hace años viene diciendo que va a tirar a la basura una novela a medio terminar y el que —escorpio ascendente sagitario— guarda escrituras secretas que sin duda se sumarán a la fiesta en la biblioteca de los mejores libros escritos en Uruguay.  

Afuera

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