Construir comunidad: sobre «Rebuild of Evangelion», de Hideaki Anno

Federico Segredo visita el final, siempre plural, de Evangelion

Neon Genesis Evangelion, obra maestra de Hideaki Anno, vio la luz a fines de 1995 y principios de 1996, un tiempo tan distinto y distante que implica que yo (nacido a fines de abril del 96) nunca existí en un mundo sin fanáticos confundidos y decepcionados. Las restricciones presupuestales y la depresión del autor durante la creación de la serie significaron la existencia de un final adicional: The End of Evangelion (1997). 

Diez años después, bajo la promesa socarrona de realizar la verdadera visión autoral, promesa bajo la cual también se realizó la película de 1997, comenzaría una tetralogía bajo el nombre Rebuild of Evangelion, cuya entrega final, aptamente subtitulada «Thrice Upon a Time» en Occidente, fue estrenada en Japón en marzo de 2021 y mundialmente a través de Amazon Prime Video el 13 de agosto de ese año.

¿Por qué volver a contar?

Existen un sinfin de razones para volver a contar una «misma historia.» Los griegos se deleitaban con la recreación y resignificación de sus mitos en sus épicas y tragedias, así como nosotros asistimos incontables veces a la muerte del tío Ben. El mito es, más que una historia concreta, un reservorio del que tomar imágenes, situaciones, y personajes para decir algo. Restringido por sus especificidades (Aquiles debe siempre retirarse del campo de batalla hasta la muerte de Patroclo, Edipo debe matar a su padre y casarse con su madre, Shinji debe pilotear el EVA y provocar el tercer impacto), el mito es extremadamente maleable. Lo interesante es entender qué hacen los autores con esa base y por qué nos abre otro espacio de recepción.

Estas películas podrían haberse limitado a traer a Evangelion a las tecnologías actuales, pero es evidente que Anno y su equipo son de la idea de que contar dos (o tres) veces lo mismo no tiene sentido, que desvelarse y traicionarse en favor del fanservice va en detrimento del valor artístico, y que «ya nadie tiene tiempo para preocuparse» por lo que pasó hace quince años, como dice Asuka a Shinji en la tercera entrega, que vio la luz en 2012, quince años exactos después de The End of Evangelion.

Morir por los demás

La idea misma de finales múltiples nos retrotrae al mundo de los videojuegos y a la cuestión de lo que en inglés se dice replayability, literalmente rejugabilidad. La repetición de las historias, en el mito y en el juego, pone el énfasis en las diferencias sutiles de cada una de las instancias. Sobre todo, se ponen en el centro las decisiones tomadas por el jugador/poeta, que conforman un conjunto de variables según las cuales avanza la historia específica. El clímax del mito de Evangelion, en cada una de sus distintas versiones, nos enfrenta con una decisión sobre el libre albedrío y el derecho a la existencia humana, social y personal. 

Shinji afronta esta decisión con los lentes de su propia vergüenza, sus propias ansiedades sociales, generadas por sus traumas y sus fallidos intentos de acercamiento a los otros. En los finales originales se nos narra cómo, en lugar de «alzarse para convertirse en leyenda», como le sugiere el opening de la serie, el héroe fracasa en su camino, gatillando la fenomenal escena final de la película de 1997, musicalizada por «Komm, süßer Tod» (Ven, dulce muerte), una suerte de carta suicida.

Las felicitaciones al final de la serie y la última escena de The End of Evangelion nos dejan con un sabor agridulce, que alimenta la confusión natural de las primeras experiencias de la franquicia. Shinji encuentra su propio valor, pero falla en comprender el verdadero sentido del sacrificio heroico. O, más bien, mientras «todo vuelve a la nada», lo comprende demasiado tarde. 

Nausicaä y el fin del hombre

No sorprende que estas preguntas sobre la pertenencia del género humano a un planeta que ha sido sistemáticamente profanado vengan desde Japón. Tampoco que lo hagan de la mano de los géneros Mecha y Kaiju y en formato animado: los desastres nucleares y naturales en el país han dejado una marca que se puede ver en sus productos culturales, desde Godzilla hasta Ghibli, sobre todo en los 80.

Una de las diferencias más notorias entre las viejas entregas y la tetralogía, en este sentido, es la inclusión de la Villa 3. En la serie original, por cuestiones artísticas y presupuestales, creer en una existencia humana fuera de la kafkiana central de NERV constituía casi un salto de fe; en la cuarta entrega de Rebuild, la ambientación de las entregas previas es bruscamente suplantada por una comunidad rural, protegida de gigantes transhumanos por barreras tecnológicas. 

Studio Ghibli asesoró la animación en estas secciones. No es la primera vez que Anno trabaja con Miyazaki y compañía: comenzó su carrera como ilustrador en Nausicaa del Valle del Viento (1984) y en 2013, entre la tercera y cuarta entrega de Rebuild, fue seiyu (actor de voz) del protagonista de Se levanta el viento. Ambas películas y la saga de Anno proponen una visión crítica de la militarización. 

Vivir para los demás

Estas similitudes temáticas pueden ayudarnos a entender el final de Rebuild. En la nueva película, el encierro en el que la humanidad se ve sumida en la serie y la película de 1997 es finalmente roto y se empieza a avistar una alternativa al fin del hombre. Se entrevé, aunque amenazada, la utopía contraria, una comunión altruista, à la Nausicaa, entre naturaleza y humanidad.

En Rebuild, Shinji y la humanidad tienen otra oportunidad sobre la Tierra. La existencia de la Villa 3, entre otras diferencias, completa una búsqueda de propósito que Shinji inició y malogró en 1995. Al igual que en Se levanta el viento, el sacrificio, como deber civil, no consiste solo en el deseo de morir en batalla por el otro sino del deseo de vivir, más allá del otro pero con él. Al mismo tiempo, vivir para los demás es un ideal que debe acompañarse del cuidado de uno mismo. El verdadero heroísmo no existe sin ambas virtudes y el arco heroico de Shinji en Rebuild lo lleva hacia esa comunión del yo y el mundo. En ese proceso, sus falencias, la necesidad de aprobación ajena y el egoísmo, se reconfiguran en versiones más positivas: la comunidad y el autoestima son, en conjunto, las armas más potentes a disposición del héroe. 

Eva no es para cualquiera

Evangelion es uno de esos monstruos culturales a los que uno teme enfrentarse, ya sea por el status como por la cantidad de material (conscientemente dejo fuera de este análisis al manga), enmarañado en una producción caótica (pero devota) y recepciones fundamentalistas (pero apasionadas) de tipo Every Frame a Painting que buscan zanjar todas las rajaduras naturales de una épica abierta y extremadamente humana.

Uno no debe dejarse asustar. Más allá del trasfondo teológico-filosófico y la ciencia ficción postapocalíptica de gigantes que luchan por la supervivencia de la humanidad, Evangelion se sumerge en las cuestiones más básicas de la existencia humana: mortalidad, duelo, ética, libre albedrío, propósito, identidad, sexualidad, amistad, entre otras tantas. La historia de cómo y por qué Shinji decide pilotear el EVA-01 merece su lugar en la larga tradición de ficciones sobre la vida pública, desde la Ilíada hacia acá.

Lo cierto es que Rebuild of Evangelion no vuelve obsoleta a la serie original, ni mucho menos. La serie y las películas están abiertas a la interpretación y al diálogo. La historia no solo se enriquece en el replay, sino que solamente puede ser contada si se cuenta varias veces. Y aunque luego de ver la tetralogía uno pueda tender a pensar que no habrá más Evas, nadie puede afirmarlo con certeza. 

Una respuesta a “Construir comunidad: sobre «Rebuild of Evangelion», de Hideaki Anno”

  1. […] de él que dibujan los vocativos que usa el astro, un Artigas que, en esas condiciones, se parece a Shinji de Evangelion, sentado en una silla cómicamente grande sobre un planeta Tierra que siente lejano, pequeño e […]

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